Texto de Rubén Rossi, docente de la Escuela Maradona Menotti.
“La obsesión táctica del fútbol moderno necesita ‘piezas’ que respondan a los planes previstos.
Los jugadores vienen a ser algo así como el ‘relleno del pastel’ que ellos preparan tácticamente.
La obsesión táctica —y, claro está, el deseo exagerado de protagonismo de los entrenadores que suponen que los partidos se ganan en los pizarrones— ha generado el absurdo sueño de que alguna vez el fútbol sea como el ajedrez. E incluso se equivocan, porque creen que en el ajedrez todo está estudiado y previsto. Recurriendo a la ciencia de los ordenadores para preparar entrenamientos, y a los valores de la eficacia para justificar la ausencia de talento y creatividad, han convertido el juego en un laboratorio. Ya no les eriza la piel una gambeta inventada en veinte centímetros para fabricar un gol imposible; ahora los conmueve más una carrera de setenta metros en menos tiempo que la anterior, o un salto espectacular, aunque el destino final de la pelota sea el último escalón de la tribuna de enfrente. No necesitan jugadores que piensen, porque para ellos los futbolistas no son los protagonistas absolutos del juego, sino simples ejecutores de lo que ellos, en su borrachera de vanidad, creen haber descubierto en algún libro misterioso que guarda los secretos del éxito. Van al compás del ‘nuevo orden’, donde el hombre importa cada vez menos frente a las cosas que se compran y se venden.” CÉSAR LUIS MENOTTI
Todos los alumnos de nuestra escuela Maradona Menotti deberían comprender la enorme importancia de pertenecer a ella. Porque son precisamente estos conceptos de mi querido, admirado e inolvidable amigo César Luis Menotti, a los cuales también mi entrañable amigo Diego Armando Maradona adhería incondicionalmente, los que buscamos exponer, defender e inculcar en nuestras Prácticas Intensivas. Allí se respira y se enseña esa humanidad que hoy parece importar tan poco frente a las cosas y los números.
Las Prácticas Intensivas son esenciales para trasladar al aula, y luego a la cancha, todo lo aprendido.
Son el puente entre la idea y la acción, entre el conocimiento y la emoción, porque, como suelo decir: “La cancha nunca miente.”
Y es allí, en ese escenario único e irrepetible, donde un aspirante a entrenador comienza verdaderamente a sentirse tal: en contacto con los docentes, con los jugadores, con la cancha y con la pelota. Tres elementos vitales, estos últimos, que ningún dispositivo ni pantalla podrán jamás reemplazar.
En esas Prácticas, los futuros entrenadores comprenden con claridad que la Escuela Maradona Menotti se sostiene sobre tres etapas fundamentales de la formación futbolística:
- Lúdico-emocional, en la niñez: donde nace el amor por el juego.
- Conceptos ensayados, en la adolescencia: donde se ordena la pasión.
- Ensayos conceptuales, en la adultez: donde la comprensión madura se convierte en sabiduría aplicada.
Esta es la base que todo aquel que aspire a convertirse en docente deportivo dentro de nuestra escuela debe conocer, afianzar y manifestar en cada jornada de Prácticas Intensivas. Porque estas prácticas no están pensadas para quienes buscan únicamente un título académico, sino para quienes tienen una vocación auténtica. Para quienes sienten que enseñar fútbol es una forma de honrar la herencia del potrero y del pensamiento maradoniano- menottiano.
En nuestra escuela tenemos el orgullo de decir que aquí se conservan los genes del glorioso fútbol argentino, esos que Diego Armando Maradona y César Luis Menotti representaron durante toda su vida con belleza, rebeldía y amor por la pelota.
Por todo esto, asistir a las Prácticas Intensivas no es una opción, ni una simple posibilidad, es una obligación ética, emocional y formativa para quienes aspiran seriamente a convertirse en verdaderos entrenadores y no en meros receptores de información, sino en soñadores lúcidos, capaces de imaginar un fútbol mejor, más humano, más libre y más nuestro. Porque, como alguien dijo alguna vez: “Cada vez hay menos soñadores… y más intérpretes de sueños.”
Rubén J. Rossi,
Ciudadano del Potrero.